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Del síntoma a la felicidad

para qué haces lo que haces

¿Te has preguntado para qué haces lo que haces cada día?

Creo profundamente que todos los seres humanos vinimos a este mundo a ser feliz, aunque la rutina cotidiana nos distraiga muchas veces de lo que realmente es importante en nuestras vidas. Todo lo que sucede en el universo, en el mundo, en nuestra familia, en el trabajo o en nuestro cuerpo tiene un sentido, de lo contrario sería muy injusto para muchos, pero nos quedamos enganchados en el papel de víctimas llevando la culpa de lo que nos sucede al afuera (el jefe, mis padres, el país, la mala suerte, etc.), desaprovechando el real poder que cada uno de nosotros tenemnos para crear nuestra realidad.

No nos damos cuenta que estamos en un gran juego que tiene como objetivo retomar ese poder, elegiendo conscientemente el camino hacia una nueva forma de vivir, convirtiendo nuestras realidades, haciéndonos cargo de nuestra inteligencia emocional para generar cambios reales y disfrutar lo maravilloso de la vida.

Cuando te sales del camino de la felicidad, cuando la vida se transforma en un padecimiento que genera malestar y no haces nada para resolverlo sino que te empeñas aún más en “sacrificarte”, un síntoma en el cuerpo viene a recordarte que necesitas regresar. El síntoma aparece de manera precisa, en un órgano, un tejido, una parte de cuerpo particular con el mensaje que necesitas escuchar, te dice lo que estás haciendo en tu vida, qué te hace mal y en dónde te has salido del camino.

Si evitas escucharlo, tratas de esconderlo, miras hacia otro lugar o te asustas de él, el síntoma entonces será más intenso para que logres atenderlo, entenderlo y cambiar lo necesario en tu vida para volver al bienestar.

Es como un mensajero que insistirá cada vez con mayor fuerza para que el destinatario reciba su mensaje y haga algo con él. Pero ese mensaje está codificado para mantenerlo oculto en tu vida diaria, para evitar generar mayor malestar. ¿Cómo nos sentiríamos si viviendo justo lo que deseamos evitar, hubiera una vocecita permanente que nos lo recordara? Sería como colocar el dedo en la llaga y causar más dolor.

Gracias al código del síntoma somos avisados, como un nuevo mensaje de texto que ha llegado al teléfono, luego debemos disponernos a abrirlo, aprestarnos a reconocer la esencia del mensaje, hacernos cargo que estamos viviendo mal e iluminarnos con la coherencia de lo que realmente estamos padeciendo y necesitamos cambiar.

Decodificar es traducir el mensaje del síntoma comprendiendo sus códigos que siempre son biológicos. Tomar consciencia es poder comprender en profundidad el mensaje. Pero esta nueva mirada que nos permite saber dónde nos salimos del camino no es suficiente para regresar a él, es necesario aplicar los cambios de rumbos convenientes para lograrlo.

Esos cambios a implementar imponen un esfuerzo, ya que nos daremos cuenta que hemos salido del camino casi siempre por el mismo lugar, de la misma manera, generando un hábito, un automatismo que normalmente heredamos como programa de vida.

Mientras ese automatismo esté activo, será muy difícil modificar el rumbo. ¿Cómo hace una persona que siente miedo o se siente sometido y le decimos “¡no lo sientas más!”? Seguramente sentirá más intensamente su emoción, se hundirá más en sus conflictos y la frustración lo inundará.

Desactivar estos automatismos es “reprogramar”, liberar esos mecanismos que nos llevan a vivir las mismas situaciones, sentir las mismas emociones una y otra vez. Al salirnos del programa se hace totalmente simple tomar el volante y decidir el mejor camino a favor de nuestro bienestar e instalar un nuevo programa de vida.

Salirnos del programa impone generar nuevos hábitos, nuevas formas de vida más ecológicas a favor de la felicidad. Solo los cambios profundos y conscientes permiten aprovechar completamente el mensaje del síntoma que entonces habrá logrado su cometido, regresarnos al camino del equilibrio, la armonía y por lo tanto ya no tendrá más sentido de existir.

Este contrato de garantía a la felicidad que los síntomas aseguran, es el mecanismo que todos los humanos poseemos y que casi nunca utilizamos a nuestro favor.  Hemos incorporado el hábito de luchar contra el síntoma, el mensajero, intentamos callarlo y destruirlo, sin darnos cuenta que el mensajero somos nosotros mismos.

Al reencontrarnos con la felicidad nuestro cuerpo ya no necesita darnos ningún mensaje, el síntoma deja de tener sentido y recobramos la salud, la armonía, el equilibrio, el bienestar y la fabulosa oportunidad de ser autenticamente nosotros mismos.

Fabián Garella
www.fabiangarella.com

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