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¡Despierta humanidad!

Todos soñamos mientras dormimos, pero pocas veces recordamos esos sueños… quizás si lo hiciéramos seriamos genios reconocidos por la historia.

Muchos de ellos, celebres científicos recibieron información relevante mediante sueños. Como por ejemplo: Dmitri Mendeleev, fue el inventor de la tabla periódica, en un sueño vio la versión final de la ubicación de los elementos en la tabla que existe hasta la actualidad.
Niels Bohr que en un sueño se encontró con la estructura del átomo: vio los electrones y el núcleo en forma de sistema solar.

Frederick Grant Banting se llevó el premio Nobel de Fisiología y Medicina gracias a un sueño que significó el nacimiento de la insulina, que les cambió la vida a millones de personas.
En 1921 no se sabía si la comunicación entre las neuronas era eléctrica o química, Otto Loewi estaba trabajando en eso cuando tuvo un sueño, se despertó a media noche, escribió un experimento y se volvió a dormir. A la mañana siguiente notó que había escrito puros garabatos y en todo el día no pudo recordar el sueño. Pero esa noche ¡el sueño volvió! Descubrir que las neuronas se comunican químicamente, le valió el premio Nobel.

Hace tiempo tuve un sueño, que está presente en mí cada día, ya que no solo cambió mi vida, sino que fue el camino del proceso de sanación de personas que he acompañado a lo largo de estos años.

En aquel sueño no era yo! Era agua, era océano. Fluía sin cuerpo, sin formas sin límites. Profundo e infinito … no había “otros” éramos agua, fresca, pura y transparente. El sol intenso, resplandecía y nos atravesaba, comencé a sentirme cada vez más liviano, no entendía qué sucedía. Todos teníamos la posibilidad de experimentar este nuevo estado desconocido y placentero. Flotábamos y nos elevábamos cada vez más empujados por la tibieza del aire, éramos nube. Todo era tan divertido … pero aquel estado maravilloso cambió bruscamente, la temperatura bajó, la comodidad desapareció, nuestro peso ya no era sostenido por el aire y en un clima de angustia y desesperación, frío y amenazante, comenzamos a caer.

Una precipitada carrera comenzó sin saber hacia dónde, entre una innumerable cantidad de otras gotas de agua con las que nos golpeamos, reaccionando con ira, incertidumbre, una lucha constante por lograr un lugar en esta carrera que no elegí correr.

El viento nos arrasa, cambia mi forma como el tiempo modifica al cuerpo, me obliga a cambiar de rumbo constantemente, no puedo controlar las circunstancias, que frustración! ningún esfuerzo es suficiente, es agotador … pero debo seguir, ¿qué otra cosa puedo hacer?
Tengo que ganarles a las otras gotas a mi lado, quieren mi lugar, me enfrentan oponiéndose en mi trayectoria, me siento desconcertado, ¿qué estoy haciendo? El dolor es constante, un accionar automático, inconsciente, que no puedo evitar pero tampoco debo dejar de hacer, como la rutina de la vida diaria.

Otras gotas llegan desde arriba y me desplazan sin compasión, la angustia me invade, la sensación de soledad e incomprensión, nadie me tiene en cuenta, estoy solo, cada gota está ocupada en su propia carrera.

No encuentro sentido a este viaje alocado de tantas gotas que igual que yo, pelean por abrirse camino, compiten, creen saber dónde van y lo defienden con violencia, como si ser una gota nos hubiese hecho olvidar que todos somos lo mismo, agua.

La caída parecía largos años de vida vacíos de significado y a punto de claudicar, veo frente a mi el océano!! La alegría de volver a casa y el miedo aterrador se presentaron al mismo tiempo: el golpe será durísimo!! es imposible detener tanta velocidad, ¿cómo impedirlo? No quiero llegar a ese momento, quiero volver el tiempo atrás, es el final!!
Justo en el instante de mayor desasosiego, previo a golpear mortalmente con la superficie del mar, pienso “las otras gotas de agua me ofrecerán un funeral, se acordarán de que estoy aquí desvaneciéndome en el agua?” pero casi sin poder terminar la frase me encontraba siendo nuevamente océano. Todas las gotas nos reencontramos nuevamente siendo agua, fluida, fresca, profunda, ilimitada.

Al despertar me pregunté: ¿para qué vivimos como vivimos? Corriendo, luchando, peleándonos en grietas infranqueables, ocultando el dolor, necesitando enfermar para poder detenernos. La respuesta apareció en mi corazón que comenzó a palpitar como si un rayo de luz se expandiera dentro, un instante cuántico y comprendí que aquel sueño no era el de una “gota de agua”, sino el del “agua en una gota” y todo en mi cambió para siempre.

Hoy cuando veo a una persona, ya no veo otra gota de agua sufriendo, sino agua en una gota que nos permite tener la posibilidad de aprender a recordar a SER quienes realmente somos: océano.

Un día soñé que todos los seres humanos teníamos la oportunidad de despertar y transformar nuestras vidas. Tal vez no estemos tan despiertos como creemos, aunque tengamos los ojos abiertos.

Gracias por hacer realidad mi sueño hoy. ¡Despierta!
Fabián Garella – 22/06/2021

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