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Las razones de tu sufrimiento

Querer controlarlo todo.
Desear que las cosas sean como tú quieres.
Aferrarse a lo que no puede ser.
Desear que el pasado sea diferente.
Querer que otros sean como tú quieres que sea.
No aceptarte tal como eres en cada momento.
En resumen, vivir en tu mente y perderte del presente.

– Osho –

Hace 2500 años el Buda, al observar que por ser cuerpos y mentes sintientes perecederos, todos sufrimos porque nos duele nacer, enfermarnos, envejecer y morir, se preguntó porqué el ser humano desea vivir.
A estos sufrimientos de causa corporal le debemos agregar una lista interminable, porque las condiciones humanas muchas veces son intolerables, o porque vivimos luchando por conseguir nuestros objetivos egocéntricos y la realidad no satisface nuestros deseos.

En su búsqueda de una liberación del sufrimiento para la humanidad, el Buda descubrió cuál era el error perceptivo e ideológico fundamental que motiva el modo de pensar, de sentir y de actuar del ser humano, que desde un tiempo inmemorial resulta indefectiblemente en daño y padecimiento para sí mismo y los demás.

La equivocación básica es ver y creer que la realidad es “material”, personas y objetos separados entre sí. Todo lo que llamamos “existente” lo vemos así. Creemos también que lo que separa las cosas es espacio vacío, “diferente” de lo material. Y que “lo espiritual” no es espacio ni materia, sino un “tercer factor”, un poder externo y superior, en el que tenemos que creer ciegamente pues es imposible de conocer directamente.

Esta visión nos motiva el miedo a morir, a las pérdidas y a la soledad, es la raíz de la tristeza y la insatisfacción, nos hace esclavos de cosas materiales, indiferentes a todo lo que no es “yo” o “mío”, indolentes al sufrimiento ajeno y somos éticos por temor al castigo divino.

El sufrimiento es una experiencia personal. El de causa concreta o física, o el de causa mental-emocional, es sufrimiento si es una experiencia mental-sintiente. Sin mente que percibe, no se sufre.
Si creemos que somos exclusivamente seres separados y nos centramos en existir y desear siempre lo mejor para nosotros y sin cambios, el sufrimiento se presentará siempre en nuestras vidas, porque todo cambia y nada permanece. Inevitablemente sufriremos enfermedad, envejecimiento y muerte.
Aunque logremos algunos objetivos deseados (amor, bienes, éxito, hijos), no es posible retenerlos, son perecederos. Además también cambian nuestros sentimientos por las “adquisiciones”: muchas hoy las queremos, mañana no.

Sumado a esta “realidad inevitable”, al creernos totalmente seres separados, cada uno de nosotros se identifica con ser el sujeto central, en forma egoísta nos importa sólo “lo mío y los míos”. Miramos todo lo demás localizándolo afuera, seguimos los dictados de nuestros deseos ego-céntricos y separados de los otros seres sintientes, del entorno, de la naturaleza; somos indolentes al padecer ajeno y realizamos acciones que son equivocadas, hacen daño y resultan siempre en sufrimiento para nosotros y/o los demás.

Sin entender, percibir y vivir desde una visión de pertenencia a una totalidad indivisa, integrando y amando todo, uno y los demás, sensibles a los efectos de nuestros sentimientos y acciones en nosotros y los otros, y todos los tiempos (pasado, presente y futuro), no hay salida para el sufrimiento humano.

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