contacto@fabiangarella.com.ar

Decodificación Biológica

La Decodificación Biológica o Biodecodificación es la reunión de varios conceptos científicos que nos permite comprender la mecánica emocional relacionada a las enfermedades y los comportamientos.

Todos tenemos un cerebro automático que cumple una única función: mantenernos vivos. Para poder hacerlo, el cerebro necesita de un combustible, energía vital. Es por este motivo que debemos ir a dormir cada noche y alimentarnos cada día, para recuperar nuestra energía vital y permitir que el cerebro continúe con su labor de supervivencia. Cuando nos hacemos problema y lo mantenemos día y noche en la mente, nos desborda emocionalmente, nuestra vida se perturba con pensamientos recurrentes enfocados en el problema, provocando cambios como: no poder descansar por las noches, perder el apetito, irritabilidad, palpitaciones, nerviosismo; vivimos en un estrés constante que consume una gran cantidad de nuestra energía vital, sin que podamos recuperarla.

Vivir con tal grado de estrés para el cerebro es “peligro de muerte” ya que, si agotamos la energía vital, el cerebro no puede realizar las funciones básicas de supervivencia y, como su única función es mantenernos vivos, cuando él detecta este consumo inhabitual de energía vital debe hacer algo, y lo va a realizar en el ámbito donde es el director, nuestro cuerpo. Él dirige cada una de las cien billones de células que poseemos en nuestro organismo, permanentemente decide como una supercomputadora las acciones de cada célula para que podamos continuar con vida. Cuando encuentra un “peligro de muerte” o cuando “se nos acaba la energía vital”, ejecuta un “programa biológico de supervivencia”, al que nosotros comúnmente llamamos enfermedad. Lo implanta de manera muy precisa: en un órgano y un tejido específico, en un lugar determinado del cuerpo. Es una enfermedad perfecta creada para ayudar a esa persona a sobrellevar su estrés, un mensaje codificado que se manifiesta mediante síntomas.

Enfermarnos tiene una finalidad… pero desde chicos escuchamos que nos enfermamos cuando el cuerpo funciona mal.

¿Le parece que esta máquina perfecta, nuestro cuerpo, que lleva miles de millones de años evolucionando, podría funcionar mal? Todo lo que existe en el universo tiene un propósito, de lo contrario no existiría. Una enfermedad, una patología, una conducta, una situación de vida repetida también tienen un sentido que jamás nos enseñaron a encontrar. Pero para comprender esta “lógica biológica” que utiliza el cerebro para mantenernos vivos, debemos tener en cuenta una característica básica de su funcionamiento: el cerebro no distingue lo real de lo imaginario. Para él es exactamente lo mismo que necesitemos correr para huir de un peligro o que estemos viendo una película donde el protagonista debe escapar de un terremoto, la respuesta biológica se reflejará como una cascada bioquímica en nuestro cuerpo que producirá taquicardia, sudoración, tensión muscular, etc.

Seguramente le debe haber sucedido, caminar delante de una casa de comidas y, al percibir el aroma de tu favorita, que se te haga agua la boca, sin probar un bocado. Lo mismo sucede si pensamos en esa comida, su sabor, su textura. Quiere decir que solo pensar en un sabor es suficiente para que el cerebro genere más saliva en la boca, una manifestación biológica automática.

Imaginemos a una persona que se traga un hueso demasiado grande, que no puede digerir. Este hueso quedará en su estómago y, si lo perforara, podría causarle la muerte. Cuando el cerebro detecta ese hueso en el estómago ejecuta un programa de supervivencia, genera más células que segreguen ácido clorhídrico para lograr desintegrar ese hueso y digerirlo. Una vez conseguido esto, todas las células volverán a su funcionamiento habitual. Este es un proceso totalmente natural, que puede durar algunas horas y sucede en todos los mamíferos cuando se tragan un hueso. Ahora imaginemos que una persona lo que no puede digerir no es un hueso en su estómago sino “lo que le hizo su amigo” en el trabajo. Para el cerebro es exactamente igual que si hubiera un hueso en el estómago, la señal no es biológica sino que se genera desde su pensamiento pero ejecutará el mismo programa de supervivencia: generará mayor cantidad de células en el estómago para que viertan más ácido clorhídrico y lograr digerir “lo que le hizo su amigo”. Tal vez le lleve algunos meses o años, y durante ese tiempo para el cerebro será necesario que el estómago segregue más ácido. Creemos que es un mal funcionamiento del órgano porque no consideramos la historia anterior. Cuando esta persona logre “digerir” aquel evento, esto se traducirá en una acción: reconciliarse con su amigo, dejar de darle importancia al evento sucedido, comprender que lo hizo sin darse cuenta, etc., entonces el estrés desaparecerá y el cerebro registrará que “ya pudo digerir”, retirará el programa de supervivencia y entonces dejará de ser necesaria esa mayor cantidad de ácido en el estómago.

El cerebro tiene una precisión perfecta. Si esta persona que imaginamos siente otra cosa respecto a su amigo, por ejemplo: “lo que me hizo es una porquería”, entonces el cerebro ejecutará el programa de supervivencia en otro órgano, será en el “colon”, que se dedica a expulsar la porquería del cuerpo, y se manifestará biológicamente allí.

Definitivamente las enfermedades, patologías o síntomas son mensajes muy especiales que nos damos a través del cuerpo. El cerebro no distingue el estrés biológico provocado por escuchar música en un volumen demasiado alto, por ejemplo, del estrés emocional causado por no soportar escuchar, por ejemplo, las demandas de una pareja, y por lo tanto va a ofrecer el mismo programa de supervivencia para ambos: una hipoacusia temporal o permanente de acuerdo con la intensidad del conflicto.

El sentido biológico de la enfermedad es ese mensaje. Comprender el código encubierto de un síntoma es interpretar ese mensaje. Luego, obtendremos la “oportunidad” de hacer algo con ese mensaje: transformar la situación, cambiar la mirada, modificar esos pensamientos que producen estrés, liberando los programas inconscientes. Al desaparecer ese consumo excesivo de energía vital que se había generado por la situación emocional, el cerebro no tiene por qué continuar ejecutando un programa biológico de supervivencia y está en condiciones de desactivarlo y de activar nuevos códigos.

El trabajo terapéutico con biodecodificación consiste en ayudar al sanante a encontrar en forma precisa cuál fue el estrés emocional vivido que hizo que su cerebro pusiera en marcha una determinada enfermedad, un síntoma o una conducta. Una vez identificado (mediante la comprensión del mensaje), acompañarlo a realizar los cambios necesarios para resolver su conflicto y que su cerebro ya no tenga necesidad de mantener esa manifestación biológica.

¿CUÁNDO TIEMPO DURA UN TRATAMIENTO?

En líneas generales la Decodificación es una terapia rápida, no es necesario realizar una innumerable cantidad de sesiones. Pero es importante que la persona se comprometa con su sanación.
”Es necesario que el consultante desee soltar la enfermedad, aprender de ella y liberarla, cambiando de actitud ante su vida, aprovechar la oportunidad y dejar atrás lo que ya no necesita continuar cargando.”

¿SI ESTOY EN TRATAMIENTO MÉDICO, PUEDO HACER DECODIFICACIÓN?

SI. Se debe continuar con el tratamiento médico.
Las técnicas utilizadas son totalmente complementarias al abordaje de la medicina.

¿CÓMO TRABAJA EL TERAPEUTA?

Nuestra tarea como terapeutas es ayudar al consultante a encontrar en forma precisa, cuál fue el estrés emocional vivido por el cual su cerebro puso en marcha una determinada enfermedad, síntoma o conducta, aliviar dicho estrés (comprender la enfermedad); y acompañarlo a realizar los cambios necesarios para resolver su conflicto y que su cerebro ya no tenga por qué mantener esa manifestación biológica.

¿EXISTE UN LÍMITE EN LA SANACIÓN?

Sencillamente NO, ya que el cerebro no se comporta de forma anárquica. Es simple y lógico, todo lo realiza por algo.
La enfermedad existe porque tiene un sentido para existir, no es “mala suerte” o “mi destino”. Y de la misma manera la sanación existirá si existe un sentido para sanar, y esto depende de cada individuo.

La enfermedad es un conflicto entre el espíritu y el alma.
La curación final y total viene del interior.
Edward Bach

No se curará de sus enfermedades,
son las enfermedades que lo curarán.
Karl-Gustav Jung

Si te interesa esta maravillosa disciplina, te invito a navegar por esta web, encontrarás mucha información, artículos, videos, testimonios y también puedes conocer mi libro “Bendito Síntoma”.

Gracias por darte esta oportunidad.