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¿Quién SOY en realidad?

El ser humano está constituido por un componente biológico, es decir todas las células del  cuerpo que agrupadas para cumplir diferentes funciones, componen tejidos, órganos, glándulas, etc. todas ellas interrelacionadas y dirigidas por el cerebro, con la única finalidad de mantener la vida, lo que normalmente llamamos supervivencia.

Además del componente biológico existe otra parte, no tan visible, algo en lo profundo que se lo ha denominado de diversas maneras según los tiempos y los estudiosos. Esta parte interior cumple varias funciones en nuestras experiencias de vida. Una de ellas es ser una tenaz guía que nos impulsa a caminar por un camino de bienestar, de alegría, de paz. Nuestro consejero interior intenta en todo momento guiarnos con mensajes que se manifiestan de muchas maneras.

La mayoría de nosotros desechamos estos susurros del alma, ya sea por la aceleración que nos lleva la vida diaria o porque ni siquiera somos conscientes del sentido por el cual estamos en este mundo. Sea cual fuera el motivo, estos mensajes pasan inadvertidos, ni siquiera somos conscientes de ellos, en general no los reconocemos o peor aún creemos que son pesares, cosas negativas de las que no tenemos por qué vivir y nos quejamos de ello.

Lejos de aprovechar estos invaluables mensajes utilizándolos a nuestro favor para reencontrar el camino que nos conduzca al bienestar, los combatimos, nos empecinamos en erradicarlos de nuestras vidas. Pueden comenzar tímidamente llamando nuestra atención con una sensación de malestar, tal vez angustia o tristeza. Muchas veces se manifiestan a través de un sinsentido en la vida, incertidumbre, melancolía o no saber para dónde ir, deprimirnos. Nos peleamos con nosotros mismos pero lo demostramos riñendo sin sentido con las personas que más amamos, la familia, los amigos, hasta con objetos inanimados que podemos llegar a convertir en voladores, para manifestar la furia de nuestro propio malestar.

Estos furtivos mensajes nos indican que estamos viviendo la vida que no queremos vivir. Son de alguna manera para enseñarnos el grado de incoherencia entre lo que vivimos y lo que verdaderamente deseamos vivir: sumergidos en un conflicto de “deber” haciendo lo que los demás dicen y relegando lo que “llena el corazón”. Este es un mecanismo para lograr el reconocimiento y la aceptación de los demás, poder ser “incluido”, en definitiva lograr SER en nuestro grupo, siendo quien no SOY. ¡Gran paradoja!

Fabián Garella
Extracto de su próximo libro

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