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dolor

¿Se puede medir el dolor?

Una de las preguntas mas frecuentes en las consultas está referida a la posibilidad de medir el dolor. Tanto en su extensión en el tiempo como en su intensidad. Por ejemplo: – ¿ Es normal que dure tanto tiempo ? -; o bien – ¿ Es normal que me afecte tanto ? Obviamente que la pregunta no es de respuesta sencilla puesto que a menudo está referido a los temas mas diversos.

Puede ser la pérdida de un ser querido, una separación, una traición, un desencanto. O varias de estas combinadas. Siendo que son tantos escenarios, resultaría imposible determinar la “normalidad” de la duración o la intensidad del dolor.

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Miedo al compromiso

El miedo al compromiso tiene como fondo el miedo a la entrega, el miedo al amor y a todas sus implicancias. Es muy difícil entregarse verdaderamente…… puede haber una pareja, puede haber un matrimonio de años, y sin embargo puede no haber entrega. Cuando nos entregamos estamos en carne viva, sentimos intensamente y nos acercamos al más preciado tesoro: SER QUERIDOS INCONDICIONALMENTE. Cuando el amor se da en su plenitud y sentimos que todos nuestros aspectos son incondicionalmente aceptados, entramos en un estado de paz que nos ayuda a que nosotros mismos aceptemos todas nuestras partes y podamos experimentar el bienestar de sentirnos finalmente completos.

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Volver a empezar

Recomenzar es poner ganas, fuerzas y un fuerte deseo de volver a empezar.
Muchas vivencias nos llevan a sentir que el camino se cortó. Nos invade la sensación de que ya no hay más kilómetros por delante que todo terminó.

Despues de una amarga y dolorosa experiencia nos sentimos vacios para dar, cerramos el corazón y el pecho nos duele continuamente cuando miramos hacia atrás y las pérdidas, el dolor y su tristeza nos hacen sentir tan chiquitos y en ese sentir perdemos las ganas de continuar.

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Cómo dejar de sufrir ?

Nuestro marco educativo nos ha condicionado para creer que el sufrimiento es innato al ser humano y, en consecuencia, no hay nada que se pueda hacer salvo adaptarse a él, haciendo uso de nuestra resiliencia. Si prestamos atención, existen muchas frases que hemos heredado de nuestros padres y abuelos y repetimos inconscientemente como si fuesen una verdad inmutable: “la vida es la escuela del dolor” “soy como soy, y a mi edad ya no se puede cambiar”, “el amor es sufrimiento”, “la felicidad es una utopía”, etc.

Creencias que nos sitúan en el inmovilismo, la resignación y la desesperanza. No son sólo frases, es lo que se nos ha transmitido y forma parte de la personalidad con la que interpretamos la vida.

La actitud que mejor puede rescatar las oscuras sombras de nuestro corazón y sacarlas a la luz es la sinceridad, entendida como un hermoso acto de generosidad con uno mismo a través del cual reconocemos que algo no va bien y nos ponemos en disposición de averiguar qué. Y es en ellas, en nuestras sombras, donde están todas las respuestas que necesitamos.

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El amor negativo y la sanación emocional

Todo empieza con esa primera experiencia infantil en la que se comprueba que uno no es amado por lo que es, sino por lo que debe llegar a ser; en mayor o menor medida, todos somos víctimas de ese amor negativo, un amor que pone condiciones para ofrecerse.

Con el concepto de “amor negativo”, que acuñó en 1967 Bob Hoffman, se explican buena parte de los padecimientos de las personas y su desconexión con el mundo emocional.

El amor negativo es la evidencia de la persona de sentirse indignada de ser amada, que viene de haber sentido que sus padres no lo reconocieron como quien era realmente, sino que se dedicaron a educarlo como quien debía ser.

Desde ahí la persona se desconecta de su propio ser y empieza a trabajar -desde muy chico-, para satisfacer las expectativas de los padres o, si sufrió mucho en la infancia, para rebelarse y ser lo opuesto a aquello que se esperaba de él.

Tal vivencia genera una paradoja emocional: “soy querible en tanto no sea quien soy y sea lo que los demás esperan de mí”.

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