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ira

El circuito psicobiológico de la ira

Cada vez que usted se enfada, su cuerpo, sufre un aumento de la frecuencia cardiaca, de la presión arterial y aumenta la producción de la hormona testosterona, disminuye el cortisol (la hormona del estrés), y el hemisferio izquierdo del cerebro se activa más.

Las emociones generan profundos cambios en el sistema nervioso autónomo que controla la respuesta cardiovascular y la del sistema endocrino, además se producen cambios en la actividad cerebral, principalmente en los lóbulos frontales y temporales. No obstante, “al centrarnos en la actividad cerebral asimétrica del lóbulo frontal que se produce experimentamos emociones, existen dos modelos que entran en contradicción en el caso de la ira.

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Transformando el enojo

El enojo es como un torbellino. Llega repentina y violentamente. Si es nutrido, puede crecer y convertirse en una fuerza violenta y destructiva. Si no es alimentado, desaparece tan rápidamente como se formó.

SENTIR enojo no es el problema. ALIMENTARLO, lo es.

Nuestros pensamientos son el viento que alimenta el tornado. No importa qué tan fuertemente la ira pueda haberse sostenido en el interior, el momento en que tomamos conciencia que estamos enojados es el momento en el que tenemos una preciosa oportunidad. Si nos convertimos en el observador, cesamos de SER la emoción. Creamos un espacio entre nuestra consciencia y el flujo de la emoción. Detenemos al viento.

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