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Los límites de la mente

¿Qué cosas puede hacer el intelecto y qué cosas no puede hacer?
El intelecto puede preguntar, pero no puede responder
El intelecto puede creer, pero no puede crear
El intelecto puede imaginar, pero no puede conocer

¿Disponemos de alguna otra herramienta para acceder al mundo?
Hay una manera de unirse con el mundo que no se realiza a través de las palabras sino de las sensaciones.

Lo que usted llama”ego intelectual”
Un ego que nos engaña haciéndonos sentir de mil maneras no auténticas, inculcándonos gestos y movimientos estereotipados y haciéndonos ver que nuestra piel es nuestra frontera.

¿Cuales son los temores de este ego intelectual?

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La mente, el pensamiento y la felicidad

“Todos los cambios son difíciles porque requieren un esfuerzo, un pequeño dolor. Pero la elección está entre este pequeño dolor o el gran dolor de seguir presos de nuestros errores, bloqueos y sufrimiento, y repetirlos a perpetuidad”.

¿De qué hablamos cuando hablamos de la mente?

En occidente se tiende a identificar la mente y el pensamiento, pero no son lo mismo. La mayor parte del tiempo nos dejamos llevar por el pensamiento, reflexionando sobre las cosas, en una reflexión que, generalmente, nos aleja del silencio, la paz, la claridad, que es realmente la naturaleza de la mente.

La felicidad es precisamente no pensamiento. En cualquier momento de felicidad que tengas, observarás que no hay pensamientos. Sin embargo, siempre estamos buscando la felicidad a través del pensamiento; buscando razones, técnicas o estrategias para ser feliz. Cuando, en realidad, para ser feliz sólo necesitas acallar el pensamiento y abrirte.

Sin embargo, aunque en la felicidad no haya pensamiento, ¿el pensamiento sí puede ser una forma de empezar a acercarnos a la felicidad, de comenzar su búsqueda? Un pensamiento adecuado puede ayudarte al principio, aunque sea para destruir con argumentos nuevos los viejos pensamientos que te impiden ser feliz. Pero seguir pensando, sumar pensamientos, no te va a hacer más feliz, sino que puede ir sumando capas que cubren y esconden la felicidad que ya tienes dentro. Puedes usar el pensamiento, al principio, para acabar fuera del pensamiento.

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La paz interior

La mente que está influenciada por el ego siempre tiene problemas. Cuando no hay problemas aparentes, tiene que imaginarlos, y éstos serán tan ficticios como las soluciones que intentará buscar. Por lo tanto, el conflicto en sí es lo que le otorga permanencia al ego y, por consiguiente, a la sensación de la falta de paz.

La paz no proviene del ejercicio de la mente o del pensar común, si no de su descanso, cuando entregamos nuestros juicios y valoraciones a la fuente neutral de la voluntad que también mora en nuestro interior. Si no hay confianza habrá miedo y si hay miedo la paz se experimentará como una ilusión más. La mente se encuentra ahora bajo la jurisdicción del ego, el cual necesita sostener apegos y temores en forma de objetos y personas. Su obsesión por los cuerpos (temporalidad) le asegura la sensación de un mundo desigual e injusto que no le otorga paz.

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¿Es posible acallar el pensamiento?

¿Es posible acallar la pesada voz que habla sin parar desde nuestra cabeza? ¿Quién es esa voz? ¿Es posible ir más allá del pensamiento?

Estas preguntas acecharon a Eckhart Tolle durante un tiempo. El ruido de su mente fue en aumento hasta que en medio de la angustia y la ansiedad su colapsó. La voz mental se calló y sus pensamientos dejaron de hacerle sufrir. Los espacios de silencio entre pensamientos aumentaron y la paz y la quietud se instalaron en su vida.
De repente, como un fogonazo, alcanzó el estado que los monjes zen persiguen durante décadas en los monasterios y muy pocos alcanzan. A raíz de esta experiencia abandonó su puesto de investigador en la Universidad de Cambridge y se dedicó a dar seminarios por el mundo, hablando de la importancia de hacernos dueños de nuestros pensamientos, “que nos han poseído”, y de vivir el momento presente, porque “es lo único que existe”.

¿Cómo alcanzaste tal claridad?

Todo empezó una noche cuando experimenté una especie de transformación de la conciencia.

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