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pensamientos

Regresar

Cuando regresas a tu interior después de un largo caminar, observas que ya nada es igual… buscas tanto afuera que terminas agotado e insatisfecho de encontrar solo pompas de jabón que se disuelven con el aire que les toca, así y todo pasas la vida tratando de encontrar la paz o la felicidad en los demás, tratando de proporcionarte esos momentos para poder decir que eres feliz, mas todo se desploma en un segundo, cuando los otros no son lo que tu creías, y en tu mente les edificaste altares y admiraciones…

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Paracelso: médico, astrólogo y místico

Paracelso, de profesión Medico, llamado también: Bombastro, es uno de los padres de la Medicina, y abanderado de la Homeopatía.- Fue perseguido por ser un MAESTRO ROSACRUZ (Masonería Mística), su inteligencia de nivel superlativo, al parecer, se hallaba por encima de los niveles y coeficientes intelectuales del hombre común.

En sus crónicas hablaba frecuentemente de la masificación del hombre. De los “grandes” males de la “masificación” social, de la creación y alimentación de los “egregores negativos” es decir las acumulaciones energéticas negativas, que en la actualidad ocurren en distintos sitios, por ejemplo: en los estadios de fútbol donde las masas pregonan toda clase de maldiciones y sentencias agresivas y nefastas, que alimentan tales egregores con el consiguiente “peligro” para el desarrollo equilibrado de la humanidad.

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Dueños de la felicidad

¿Por qué es tan dificil la felicidad? Porque la esperamos.

Observaos y veréis: esperáis encontrar el gran amor, esperáis encontrar el éxito, esperáis la fortuna, la gloria, y si no vienen, os sentís desgraciados. Algunos incluso van a consultar a clarividentes, a astrólogos que les dicen: “Pues si, el amor vendrá, el éxito llegará. Dentro de seis meses, de un año, cuando tenga lugar determinado tránsito de planetas, o tal conjunción, ya veréis, todo cambiará”. Y de este modo, se tranquilizan, recobran la esperanza y siguen aguardando.

Pues bien, la felicidad no es algo que dependa del exterior. La felicidad es un estado de conciencia que depende de nuestra correcta comprensión de las cosas. No hay que imaginarse que hemos venido a la tierra para vivir rodeados de facilidades, de placeres, y en la abundancia.

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Tulku Lama Lobsang: "Cuando alguien ríe, nos abre su corazón"

Médico tibetano. Viaja por todo el mundo impartiendo sus enseñanzas de medicina, psicología y astrología, y curando con las manos y la mirada

–Cuando un paciente viene a su consulta, ¿cómo descubre cuál es su enfermedad?
–Mirando cómo se mueve, su postura, la forma de mirar. No hace falta que me hable ni me explique qué le pasa. Un doctor de medicina tibetana experimentado, solo con que el paciente se le acerque a unos 10 metros, puede saber qué dolencia sufre.

–Pero también escucha los pulsos.
–Así obtengo la información que necesito de la salud del enfermo. Con la lectura del ritmo de los pulsos se pueden diagnosticar un 95% de las enfermedades, incluso psicológicas. La información que dan es rigurosa como la de un ordenador. Pero leerlos requiere mucha experiencia.

–Y después, ¿cómo cura?
–Con las manos, la mirada, y preparados de plantas y minerales.

–Según la medicina tibetana, ¿cuál es el origen de las enfermedades?
–Nuestra ignorancia.

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Atmósfera psíquica

Cada vez con más frecuencia, la gente se queja de que el aire está contaminado: los humos de las fábricas, el gas de los tubos de escape de los coches y la multiplicidad de productos tóxicos que contribuyen a envenenar la atmósfera… Es cierto, pero, ¿qué podemos decir entonces sobre la atmósfera psíquica de la tierra?

La mayoría de los humanos, que viven sin luz, sin amor, sin tener conciencia de sus responsabilidades, pasan su tiempo expandiendo a su alrededor pensamientos y sentimientos tan sombríos, viciados y malsanos que la atmósfera de la tierra se parece a un pantano donde pululan una gran cantidad de bichos que arrojan sus desechos y excrementos en el mismo estanque donde otros deben respirarlos y absorberlos.

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Lo que creemos

Tanto si lo creemos como si no, somos nosotros quienes escogemos nuestros pensamientos. Quizás habitualmente pensemos una y otra vez lo mismo, de modo que no parece que estemos eligiendo nuestros pensamientos, pero en su momento hicimos la opción original.

Podemos negamos a pensar ciertas cosas. ¿Cuántas veces te has negado a pensar algo positivo sobre ti mismo? También puedes negarte a pensar algo negativo sobre ti mismo.

La creencia más íntima de todas las personas con quienes he trabajado es siempre: «¡Yo no sirvo para…!» Todas las personas que conozco o con quienes he trabajado padecen, en mayor o menor medida, de sentimientos de culpa o de odio hacia sí mismas. «Yo no sirvo para esto, o no hago lo suficiente para conseguir lo otro, o no me lo merezco», son quejas bien comunes. Pero, ¿a los ojos de quién, o según qué normas no sirves, o no te lo mereces?

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La paz interior

La mente que está influenciada por el ego siempre tiene problemas. Cuando no hay problemas aparentes, tiene que imaginarlos, y éstos serán tan ficticios como las soluciones que intentará buscar. Por lo tanto, el conflicto en sí es lo que le otorga permanencia al ego y, por consiguiente, a la sensación de la falta de paz.

La paz no proviene del ejercicio de la mente o del pensar común, si no de su descanso, cuando entregamos nuestros juicios y valoraciones a la fuente neutral de la voluntad que también mora en nuestro interior. Si no hay confianza habrá miedo y si hay miedo la paz se experimentará como una ilusión más. La mente se encuentra ahora bajo la jurisdicción del ego, el cual necesita sostener apegos y temores en forma de objetos y personas. Su obsesión por los cuerpos (temporalidad) le asegura la sensación de un mundo desigual e injusto que no le otorga paz.

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¿Es posible acallar el pensamiento?

¿Es posible acallar la pesada voz que habla sin parar desde nuestra cabeza? ¿Quién es esa voz? ¿Es posible ir más allá del pensamiento?

Estas preguntas acecharon a Eckhart Tolle durante un tiempo. El ruido de su mente fue en aumento hasta que en medio de la angustia y la ansiedad su colapsó. La voz mental se calló y sus pensamientos dejaron de hacerle sufrir. Los espacios de silencio entre pensamientos aumentaron y la paz y la quietud se instalaron en su vida.
De repente, como un fogonazo, alcanzó el estado que los monjes zen persiguen durante décadas en los monasterios y muy pocos alcanzan. A raíz de esta experiencia abandonó su puesto de investigador en la Universidad de Cambridge y se dedicó a dar seminarios por el mundo, hablando de la importancia de hacernos dueños de nuestros pensamientos, “que nos han poseído”, y de vivir el momento presente, porque “es lo único que existe”.

¿Cómo alcanzaste tal claridad?

Todo empezó una noche cuando experimenté una especie de transformación de la conciencia.

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